Cesar Mayoral en “Mercado sin pulgas” sobre el G-20

Cesar Mayoral habla  con Silvia Mercado en el programa “Mercado sin pulgas” sobre el G20.

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G-20: la Argentina, líder por dos días

Nuestro país, que está atravesando una crisis económica financiera de gran magnitud, y que ha debido acudir al Fondo Monetario para poder encararla , tiene también en esta Cumbre la importante misión de defender el multilateralismo.

Este 30 de noviembre y 1° de diciembre, como sabemos, se llevará a cabo en Buenos Aires la Cumbre del G-20. Esta Reunión de los 20 Estados más ricos del mundo, que representan el 85 % de la economía mundial, el 75 % del comercio, el 80% de las inversiones y que constituyen dos tercios de la población mundial, es sin duda un hecho de gran relevancia para la Argentina.

Esta agrupación de 20 países que se constituyó en el año 1999 durante la reunión e Colonia, Alemania, de los ministros de Economía y Finanzas del G-7, que sólo abarcaba a las economías industrializadas, se amplió dando lugar al ingreso de varios países emergentes y a potencias regionales no industrializadas.

El motivo de su creación obedeció a la reiteración de las crisis financieras de los años 90, las asiáticas (Filipinas, Corea, Malasia Indonesia y Tailandia), la de Rusia y la de Brasil. En ese marco, el ministro de Economía de Canadá, Paul Martin, fue el que le dio forma a la propuesta (y por su iniciativa invitó a la Argentina) de este Grupo de Estados, con el objetivo de impulsar un espacio de reflexión y un foro de cooperación donde se trataran los temas relacionados con el sistema financiero internacional, la estabilidad y el crecimiento.

Las Cumbres de Líderes se efectúan anualmente. La de Buenos Aires se realiza después de las Cumbres realizadas en Hamburgo (Alemania, 2017) y en Hangzhou (China, 2016), donde la Agenda se apartó de cubrir solamente temas financieros y se incluyeron otros, ya que el G-20 no tiene una agenda rígida en sus Cumbres.

No hace falta destacar la importancia que tiene para la Argentina esta membrecía dentro de este selecto grupo de países, ya que sólo otros dos países latinoamericanos son Miembros: Brasil y México. Todos los Estados miembros del G-20 tienen un PBI superior al de nuestro país y exportan más mercancías y servicios que nuestro país.

Más allá de la importancia de pertenecer al G-20, la Reunión de Buenos Aires representa para nuestro país una importante vidriera internacional. El conocimiento mundial es muy importante debido a su posición geográfica distante de los grandes conglomerados poblacionales y a su histórico aislamiento.

La Agenda de la reunión del G-20 se ocupará del tema del Empleo, de la importancia de la Infraestructura para el desarrollo y de la Seguridad Alimentaria, todos ellos son los temas que el Gobierno argentino incluyó.

Lamentablemente, el tema del Cambio Climático (sustituido genéricamente y equivocadamente por Medio Ambiente) no está en la Agenda principal y solamente fue abordado, tangencialmente, por la firme oposición de los Estados Unidos, pese a todas las evidencias que señalan la necesidad de tomar medidas básicas y extremas ante un inexorable cambio climático catastrófico, como lo acaba de anunciar el Comité de expertos de las Naciones Unidas (IPCC) reunidos en Inchon, Corea del Sur.

La Argentina podría impulsar que se realicen a nivel global negociaciones que puedan lograr transformaciones rápidas y sin precedentes en diferentes sectores, como la energía, la industria y las infraestructuras ya que de continuar al nivel actual, la temperatura global se elevará en 1,5 grados Centígrados para el año 2030.

La Argentina debería hacer un llamado, en esta reunión, a tomar mayor conciencia del tema en su posición de anfitrión de la misma.

Nuestro país, que está atravesando una crisis económica financiera de gran magnitud, y que ha debido concurrir al Fondo Monetario para poder escapar de ella, tiene también en esta Reunión la importante misión de defender el Multilateralismo.

Esta nueva situación internacional donde el comercio global, por primera vez en muchos años, comienza a deteriorarse debido a la imposición de aranceles proteccionistas, hace que este tema, que si bien no se encuentra directamente en la agenda, deba ser abordado, ya que para países como el nuestro es vital la defensa del multilateralismo, no solamente el comercial.

El desafío debe ser impulsar la creación de un sistema global de comercio transparente, con reglas claras, sin dumping, promoviendo como objetivo principal el desarrollo equilibrado. Debe tenerse en cuenta que la globalización no es solamente financiera; hoy la producción se realiza cada vez más a través de cadenas globales de valor y el comercio es un motor del desarrollo que integra consumidores del mundo entero. El crecimiento de la economía global comienza a estar en peligro por la guerra comercial emprendida por los Estados Unidos.

El mundo que ha venido creciendo sin tropiezos desde la finalización de la guerra fría en 1989, con la caída del muro de Berlín, permitió que se cayeran no solamente las fronteras ideológicas sino que ello influyó, decididamente en ampliar los flujos comerciales, el turismo y las inversiones como jamás la humanidad lo había conocido.

Ese fenómeno, denominado “globalización”, hizo que países alejados y encerrados se abrieran al mundo y pudiesen competir y vender sus productos. El ejemplo más destacado es, sin lugar a dudas, el de China, aunque muchos de sus vecinos de Asia también supieron aprovechar esta brecha e incrementar sus volúmenes comerciales y su presencia en los grandes mercados.

Latinoamérica en su conjunto sacó ventajas comparativas por el incremento del precio de sus commodities y a través de sus alianzas comerciales como el Mercosur.

La tarea no será fácil ya que existe un fuerte impulso en sentido contrario desde la principal potencia mundial, los Estados Unidos, que al ver peligrar su hegemonía comercial está llevando a cabo una lucha comercial, apelando a todos los recursos con que cuenta, los geopolíticos en primer instancia.

En síntesis, la Reunión del G-20 de Buenos Aires puede servirle a nuestro país para definir los grandes principios de su política exterior, apoyada en la mayoría de los sectores políticos, empresariales y sindicales, como son la defensa del multilateralismo, del medio ambiente, de la igualdad jurídica de los Estados, de la igualdad de género y de la defensa de los derechos humanos y las libertades fundamentales.

 

Esta nota fue publicada en el díario Clarín el día 23 de Noviembre de 2018

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PORQUE ES MEJOR QUE HADDAD VENZA AL POPULISTA BOLSONARO

El próximo domingo se realizará la primera vuelta de las elecciones en Brasil, la segunda vuelta, si ningún candidato triunfa por el 50% se realizará el 28 de octubre, que es lo que muy posiblemente ocurra.

Estas elecciones se hacen luego de un largo periodo de crisis que llevaron a la destitución de la Presidenta Rousseff, por un impeachment Parlamentario y  en el marco de un profundo deterioro de la situación económica.

A ello hay que agregarle que el político más popular de Brasil, Presidente en dos oportunidades, Lula da Silva, está preso acusado por Corrupción, lo que le impide presentarse en estos comicios.

Estas elecciones cobran  importancia singular, no sólo,  para Brasil sino para toda la Región Latinoamericana, Brasil, es la mayor economía de América del Sur (está entre las diez economías más grandes del mundo) y es el país más poblado de América, después de los Estados Unidos.

Es decir que lo que pase en Brasil, influenciará, sin lugar a dudas, a todos los países de América, en el plano de su política exterior y en su política interna.

Por esa importancia, algunos “opinólogos” en la Argentina con el objetivo de sacar ventajas para el actual gobierno parecen desear, vergonzosamente, que gane el candidato de ultra derecha y antiguo represor, Jaír Bolsonaro, demostrando una visión estrecha de cuáles son las ventajas y desventajas de esta elección para el desarrollo de todos nuestros países.

No se dan cuenta del peligro que corre la Argentina y el MERCOSUR,  si Bolsonaro asume la Presidencia de nuestro principal socio y vecino. Además de ser, probablemente el fin de la única  alianza estratégica que se ha ido construyendo en la Región, sería un gran retroceso para la democracia, los derechos humanos y del avance de la igualdad de género, en toda Latinoamérica

Este apoyo a Bolsonaro, se basa fundamentalmente, en considerar (erróneamente) que Lula da Silva, es igual a Cristina Fernández y que el PT es igual al Kirchnerismo.

No entienden  que más allá de coincidencias casuales, como son los procesos judiciales que tanto Lula da Silva como Cristina Fernández afrontan, la diferencia es enorme en lo personal y en sus caminos y carreras políticas.

Lula no es como Cristina, su parecido se encuentra muy cerca de Juan Perón.

Ambos, Perón y Lula, fueron Jefes de Estado, que se apoyaron para gobernar en los sectores populares a la que le otorgaron movilidad social ascendente, (no en la clase media) promovieron la industrialización y tuvieron como base social a los trabajadores sindicalizados, no a las Organizaciones sociales.

En este marco, y de cara a estas elecciones, es importante destacar la crisis  de los partidos políticos  brasileños, que ha hecho que tanto el  PMDB , partido tradicional que puso a la mayoría de los vicepresidentes (Sarney, Itamar Franco, Temer)  como el el PSBD, el partido del Ex Presidente Fernando Cardoso, no tengan posibilidades electorales.

Quedan entonces dos opciones.

Una la de la ultra-derecha reaccionaria apoyada por algunas Iglesias Protestantes y por ex militares que ha encontrado por primera vez desde el regreso de la democracia en Brasil a una figura que expresa sin titubeos ideas reaccionarias y discriminatorias.

Jair BOLSONARO, su líder, es un militar retirado, hoy diputado, que desde un discurso Populista-nacionalista, anti- progresista, trata de captar todo el descrédito de la corrupción de los años de gobierno del Partido de los Trabajadores y rescata a la dictadura por su dura represión, habla contra los homosexuales, ataca a las mujeres y trata de conquistar a los sectores medios asustados por el avance de la droga y de la violencia.

Enfrente de Bolsonaro se encuentra el candidato del PT, Fernando Haddad, un ex Ministro de educación de Lula, elegido por este para sucederlo.

Creemos que Haddad  tiene posibilidades de ganar en una segunda vuelta. En la primera vuelta el resultado será ajustado, pero al desaparecer en la segunda todos los otros candidatos, el triunfo de Haddad es probable, dado que los otros candidatos y partidos no querrán apoyar a un candidato tan alejado de sus propias propuestas.

Haddad es un intelectual de Sao Paulo, que no proviene de los sectores  del PT que dominan el partido, carece de carisma y del conocimiento popular que tiene Lula.

Su postulación fue realizada sin el apoyo de los sectores duros del PT que querían obligar a Lula a  “mejor peor” impulsando su candidatura, buscando la Proscripción y con ello una rebelión popular para liberarlo.

Pero Lula, no recorrió ese camino y optó por Haddad, acompañándolo por una dirigente del pequeño Partido Comunista, Manuela D’ AVILA como forma de atraer votos femeninos.

Lula siguió en cierta forma el mismo trayecto que siguiera el General Perón en la Argentina en 1973 cuando regresaba al país y la dictadura de Lanusse lo proscribió con una clausula de residencia arbitraria.

Perón eligió a Cámpora y Lula eligió a Haddad, ambos lo hicieron para despejar el camino hacia el poder, de sus agrupaciones políticas. En el caso de Perón, después del triunfo y ante el riesgo de que el gobierno de Cámpora fuera coptado por los sectores de la izquierda, se llamó a elecciones nuevamente y fue elegido Presidente.

Veremos que poder tiene Lula y que decide hacer Haddad con Lula cuando triunfe, aunque no solo depende de su voluntad, sino del pueblo brasileño y sus instituciones.

 

Esta nota fue publicada en el diario Clarin el día 6 de Octubre de 2018

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Multilateralismo, por interés nacional

Empezó a restringirse y los tratados bilaterales –como el alcanzado por Estados Unidos y México–fueron reemplazando al NAFTA y excluyendo a Canadá. Parecen integrar la nueva ingeniería de la globalización, desde la visión estadounidense, del América First.

A un año y nueve meses de la asunción presidencial de Donald Trump, las relaciones internacionales han cambiado sustancialmente. El mundo que dejó Barack Obama, al partir de la Casa Blanca, ya no existe. Si bien el proceso de deterioro del sistema económico y político internacional creado a partir de la década del ‘40 del siglo pasado, ya expresaba sus falencias y su falta de respuesta a un escenario global que se había modificado desde su creación, la acción de la administración del presidente Trump lo ha comenzado a demoler.

La Organización Mundial de Comercio (OMC) prácticamente no interviene y cada vez resuelve menos los conflictos comerciales y sus decisiones menos obedecidas. La guerra comercial entre los Estados Unidos y China es un ejemplo de la pérdida de poder de esta Organización si funcionara debidamente, con los objetivos que tenía en su creación, en los años 90, en la ronda Uruguay. Hoy es una espectadora pasiva de un conflicto que afecta a todos los Estados.

El multilateralismo ha comenzado a restringirse y los tratados bilaterales como el que alcanzaron los Estados Unidos y México, reemplazando al NAFTA, excluyendo a Canadá, parecen ser parte de la nueva ingenieríade la globalización, desde la visión estadounidense, del América First.

Ahora aparecen en el horizonte comercial los “mano a mano”, no más rondas multilaterales, de negociación, como era de uso común. En ellas, Estados Unidos pierde la capacidad de incidir como lo pueden hacer a nivel bilateral por su tamaño y poderío, llegó la hora de volver a poner las cosas en su lugar, parecen aspirar, los halcones desde Washington.

Por otra parte, China se ha visto conmovida por la nueva actitud de la administración Trump y trata de adaptarse a esta nueva era. Su interés de convertirse en primera potencia regional en Asia, no involucrándose en los grandes conflictos y debates fuera de esa esfera, debió modificarla en parte y cambiar su estrategia.

El proyecto de “Ruta de la seda” se ha transformado en un eufemismo: es su proyecto geopolítico actual que cubre casi toda la geografía mundial, avanzando a través de inversiones, acuerdos de libre comercio multilaterales y bilaterales para poder expandirse a todos los mercados posibles, incluyendo algunas naciones de Africa y Latino-América, además de Asia Menor y Medio Oriente.

Es decir que la propuesta norteamericana para el mundo de alcanzar acuerdos bilaterales, desechando las alianzas regionales o los acuerdos comerciales multilaterales, como la Unión Europea, el Mercosur, el TPP , etc., tiene en China a su principal contendor y esa lucha entre las dos grandes potencias comienza a repercutir en nuestra región latinoamericana y es parte del nuevo escenario mundial.

Esta nueva situación significa, en cierta medida, la vuelta a la vigencia de los estados nacionales porque es ahí donde Estados Unidos, Rusia, China y quizás India (si consigue armonizar sus estructurales problemas religiosos) serán los dominadores.

El acuerdo de Mercosur, dañado desde hace años por la actitud de sus dos principales socios en cerrarse, ahora encuentra nuevas dificultades para sostenerse.

En ese marco,el enfrentamiento comercial entre China y Estados Unidos (que se ha extendido a Estados Unidos vs. Canadá y vs. la Unión Europea) expresa la voluntad del gobierno norteamericano de priorizar e imponer el bilateralismo por sobre el multilateralismo.

En ese marco internacional, la Argentina debe saber anticiparse al tironeoal que será sometida por esta nueva realidad internacional en la próxima reunión del G20 a realizarse en Buenos Aires. Debe estudiar y elaborar una propuesta nacional integradora y no caer en decisiones apresuradas o tomadas por presiones externas, más allá de que las presiones serán muy fuertes luego de haber firmado el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional, donde los Estados Unidos son los que tienen la mayor cantidad de acciones, es decir de poder.

No hay influencias o alianzas externas “buenas o “malas”, lo que conviene al interés nacional en cada momento histórico es la elección adecuada para ese momento histórico. Una cosa son las afinidades culturales y otra muy distinta es el interés nacional y en consecuencia la toma de decisiones.

Creemos que la Argentina debe saber distinguir en la hora actual, no se debe confundir la historia con las realidades de un mundo en constante cambio y evolución y el multilateralismo sigue siendo la mejor opción para un país de desarrollo intermedio como el nuestro que necesita incrementar sus exportaciones para crecer.

Defender los intereses nacionales significa saber distinguir cuál es el camino más propicio para alcanzar el crecimiento y el desarrollo. Y para ello es importante no atar los intereses argentinos al parecer de una potencia, más allá que se coincida en la defensa de ciertos valores históricos, que al parecer ya no son tan importantes para su política exterior.

Vale la pena recordar que siempre es mejor tener varios aliados y no uno sólo, ya que de acuerdo al mundo que se avecina, el que Trump viene dibujando, no será muy placentero para quienes pretenden ser protagonistas de otro más justo, con igualdad de género y sin discriminaciones.

 

Esta nota fué publicada en el diario Clarín el día 27 de Septiembre de 2018

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Entendiendo el pedido de ayuda del Gobierno al FMI

El gobierno de Mauricio Macri ha decidido ir al Fondo Monetario Internacional para poder detener la crisis que atraviesa la Argentina. Para algunos un recurso de última instancia usado antes de tiempo por miedo.

Este regreso del “hijo pródigo”, que se fue de la tutela del Fondo Monetario abonando toda su deuda (10.000 millones de dólares cash) para poder tener las manos libres y permitir que el gobierno de Néstor Kirchner pudiese hacer la política económica que quisiese (léase manipular al INDEC, entre otras cosas) ha terminado.

El crédito internacional que venía demandando a los bancos privados el Ministro de finanzas, para poder avanzar con el “gradualismo” y no emitir más dinero para paliar el déficit fiscal (como hacía el gobierno anterior) se ha encarecido y se seguirá encareciendo, por el anunciado aumento de tasas de interés en los Estados Unidos.

Argentina, “time to go out”, había titulada una revista extranjera especializada en temas económicos hace dos semanas, sabía y decía lo que iban a hacer los inversores.

En ese marco y con la constante pérdida del valor del peso, el Presidente decidió adelantar una decisión, pensada para cuando Messi estuviese entreteniendo a los argentinos, gambeteando croatas, islandeses y nigerianos en Rusia.

Como no se pudo esperar se salió a las apuradas a pedirle apoyo a Christine Lagarde,  con la que ya había coqueteado el Ministro Dujovne, agasajándola con una comida en su casa, previo paseo por las Cataratas del Iguazú.

Pero toda esa “mise en scene” se desplomó ante el temor de que la oposición aprobara una ley que impediría la suba del precio de las tarifas de gas, que acrecentó la pérdida del valor del peso y que obligará a vetarla si logra ser aprobada en el Senado.

El tema es que el Fondo Monetario no es solamente Christine Lagarde, ella es su Directora General y al igual que todos los Directores anteriores del Fondo, es una europea , no una ciudadana americana. Estados Unidos se quedó con el Banco Mundial y cedió la presidencia del Fondo, que es más antipática, claro,  se reservó la mayoría de las acciones y desde allí es donde apoya o desaprueba los créditos que otorga el organismo que dirige hoy Lagarde.

Los 189 países miembros aportan dinero al fondo y en proporción a ello tienen un porcentaje de cuotas que es el  que representa el nivel de influencia y poderío de cada Estado Miembro dentro del Fondo.

Para algunos argentinos optimistas el Fondo Monetario es una especie de “alcohólicos anónimos” donde van aquellos que quieren curarse de su adicción, sin reparar que todos los gobiernos desde 1956 (año de ingreso de nuestro país al organismo) que fueron en busca de ayuda, después de un tiempo volvieron a ir a pedirla nuevamente (ellos o sus sucesores) a causa de la histórica adicción a caer en  altos déficits fiscales, atraso cambiario, déficits en cuentas corrientes y balanza comercial negativa y a las recetas que siempre aconseja el Fondo. El Fondo no ha cambiado, ni cambiará seguirá haciendo y aconsejando lo que le fue fijado cuando se creó en Bretton Woods en 1944: impulsar que se limiten los déficits fiscales y que los países con problemas tomen medidas cambiarias y monetarias correctivas tendientes a restringir los pagos y transferencias corrientes.

En esta calesita el Fondo nunca fue eficiente con lo aconsejado a los gobiernos argentinos. Cada vez que se le solicitó ayuda, al llegar apurados y para salir del paso se firmaron créditos stand by y se sometieron a los dictados ortodoxos que se les recomienda desde Washington, lo que implica que para la mayoría de los argentinos de a pie que ya vivieron estas experiencia, el Fondo es un pésimo prestamista, más allá de la tasa de interés que se pueda obtener y que las condiciones que impone para otorgar esos créditos van siempre en la misma dirección.

Cabe señalar que en el marco de la realidad internacional en los tiempos que corren,  bastante mal leídos por este gobierno, el mundo ha dejado de ser multilateral y la primer potencia del mundo se ha convertido en el principal defensor del bilateralismo.

América First, significa,  romper Acuerdos multilaterales como el de Irán, irse del TTP,  poner trabas al actual Acuerdo del NAFTA,  no aplicar el Acuerdo de Cambio Climático de París, es decir que no le interesa impulsar acuerdos o tratados multilaterales y eso es lo que precisamente hace el Fondo Monetario cuando otorga un crédito ya que necesita la aprobación mayoritaria de sus socios y los Estados Unidos recordamos tiene el 18% de las acciones, es decir capacidad para trabar cualquier acuerdo, o para poner condiciones duras más allá de declaraciones o gestos de amistad.

La Argentina puede lograr el apoyo de los técnicos del Fondo que se ocupan de la Argentina, o la aprobación elegante de Madame Lagarde, pero además deberá contar con la aprobación de la Junta de gobernadores, donde los 8 Directores deciden (Alemania, Arabia Saudita, Japón , Reino Unido, Francia, China, Rusia y… los Estados Unidos que es el país con mayor cantidad de votos (265.000, es decir 18%) y  que muchos de ellos tienen un recuerdo pésimo del default argentino y de la restructuración de esa deuda.

En síntesis, Argentina vuelve al Fondo y el gobierno lo pagará caro políticamente y dependerá de lo que diga la Carta Intención que presentará y de su defensa para que el ajuste que venga atado al crédito no sea brutal.

Porque lo peor que le puede pasar al gobierno es que se apure ahora, para salvar lo poco que se podía salvar y las autoridades del Fondo lo entretengan en una larga negociación y finalmente le pidan todo lo que el gobierno con su gradualismo no quiso entregar hace dos años y medio cuando llegó y tenía mucho más poder que ahora.

Su ineptitud para no haber previsto y  anticipado la  suba del dólar cuando era obvio que sucedería ante el aumento de las tasas de interés en los Estados Unidos, (máxime después de haber implementado medidas que expulsaban a los inversores en Leback), sumado al  narcisismo respecto a que Macri era el Presidente con el más  alto nivel de aprobación de la región y era halagado por políticos y medios extranjeros, la realidad le decía que otros discurso, trabas al Aluminio y al Acero, no liberación al ingreso de carne bovina argentina,  pequeña cuota en limones mientras se solicitaba y se obtenía el ingreso de carne porcina norteamericana a nuestro país.

Por otro lado la negativa a la apertura del mercado agrícola de la Unión Europea por parte de los gobiernos  francés y español debieron haberle abierto los ojos y ayudado a darse cuenta que no existen amigos en política exterior, solo intereses permanentes, como ya lo expresara el Primer Ministro Inglés George Canning hace 200 años.

El Presidente y su gobierno deberían haberlo sabido antes.

Esta nota fue publicada en el diario Infobae el viernes 11 de Mayo de 2018

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LA CONDENA JUDICIAL A LULA

El ex Presidente Lula da Silva ha sido condenado a 12 años de prisión acusado de haber cometido actos de corrupción, ante el peligro de ir a la cárcel el ex mandatario presentó un recurso de Habeas Corpus que fue denegado por la Corte Superior de Justicia por 6 votos contra 5. El Juez Moro quien fuera el que lo condenara en primer Instancia, inmediatamente solicitó su detención.

En ese marco sus posibilidades de presentar su candidatura presidencial se achican y en el Partido de los Trabajadores ya suenan los nombres de posibles candidatos (Haddad, Wagner)

Resulta evidente que en Brasil, como en varios países latinoamericanos, la corrupción viene ocupando un papel central en la escena, tiñendo todo el entramado político latino americano y volcando voluntades que condenan a aquellos dirigentes que se enriquecen desde los respectivos gobiernos, a su vez existe también un movimiento en sentido contrario que presume que esas acusaciones, son meras excusas para desalojar del poder a presidentes que gobernaron a favor de las clases populares.

En nuestro poderoso vecino la Justicia viene jugando un papel protagónico y el llamado “lava jato” ha cobrado varias e importantes figuras del ámbito político y empresarial. En ese marco de inestabilidad provocado por las significativas acusaciones y detenciones, se le ha sumado la condena del político más importante del Brasil, Ignacio Lula da Silva.

Indudablemente el fallo judicial de la Corte y la decisión del Juez Moro han precipitado los acontecimientos, desde un punto de vista judicial se han respetado los mandatos de la Constitución y de la Ley. No puede haber objeciones, salvo la rapidez en pedir su detención y el rol mediático protagónico que el Juez de Curitiba viene desempeñando en todo el proceso.

Brasil ha ingresado en una crisis política importante y no creemos que se solucione con la detención de Lula, independientemente de su eventual culpabilidad. Por otra parte el sistema institucional de Brasil puede perder legitimidad si al pueblo brasileño, no le queda claro, que su detención se produce por los delitos cometidos en su función y que no se trata de una excusa para impedir que se presente en las próximas elecciones.

Más allá de los hechos judiciales, ante la opinión pública brasileña Lula ha quedado en el centro de la agenda política del Brasil. Todo el mundo habla y hablará de Lula hasta que se sepa si será candidato y aún después.

Un hecho a tener en cuenta en la Argentina, es que en los países desarrollados que se interesan por la política brasileña su figura siempre fe vista con simpatía (muy diferente a lo que irradiaban hacia los Kirchner) su popularidad y carisma trascendían a los dirigentes de los partidos social-demócratas y se proyectaba a todo el mundo político occidental.

El ex Presidente de los Estados Unidos, Barak OBAMA lo consideró en su momento como “el mejor Jefe de Estado del mundo”. En su ejercicio del poder visitó más de cien países y su figura trascendió latino-América, la inserción de Brasil en el grupo de los BRICS y en el G. 20 le otorgó una legitimidad internacional a su palabra y a su política, ortodoxa en lo económico interno y heterodoxa y desafiante en la esfera internacional.

En “su “ región Lula no tuvo adversarios, Chavez y Kirchner sabían que no debían ni podían competir con él, gobernaba el país más poderoso, que había llegado a ocupar el sexto (6) lugar en la economía mundial por su PBI. Lula los dejaba vociferar contra el imperialismo y destrozar el ALCA, Brasil lo reemplazaría en las obras de infraestructura y en el comercio e inversiones.

Los Estados de la Alianza del Pacífico, por su parte, no dudaron en buscar esas inversiones y no lo desafiaron ni enfrentaron en su crecimiento e importancia regional, la creación de UNASUR, pensada y ejecutada por Itamaraty para regocijo de las empresas brasileñas conformaba un plan de expansión a toda Sudamérica.

Todo era viento a favor, quizás demasiado, impulsando a que empresas brasileñas con el guiño gubernamental, se involucraran en regiones desplazando a empresas multinacionales desafiando el status mundial en temas que, para la capacidad y peso político de ese Brasil dentro del escenario global le quedaban grandes. Era un gigante sudamericano pero con un tamaño pequeño para poder jugar de visitante en las grandes ligas tan rápidamente.

Brasil era y es una potencia regional, no una potencia global. Lula pretendió dar ese salto, no lo logró y ahí residen algunas de las causas de su situación actual.

Lula se fue del poder con un 84% de opinión favorable (récord difícil de igualar) tuvo suerte , los precios de los commodities que exportaba Brasil, mineral de hierro, soja, acero, etc. tuvieron su pico de crecimiento en su gobierno y cuando se fue cayeron dramáticamente por la crisis de Lehmans Brothers (2008) y la explosión de la crisis inmobiliaria de los Estados Unidos primero y del mundo global, posteriormente.

Más allá de ello es innegable que 38 millones de personas fueron incorporándose a la clase media. Todo un éxito.

El esplendor económico y social que Lula había conseguido se fue evaporando en el gobierno de Dilma Rousseff, con ello, comenzaron a llegar los procesos judiciales alimentados por los actos de corrupción ya no solo de políticos, sino de empresarios poderosos, como Odebrecht, dueño de la empresa constructora más poderosa de Brasil que fue acusada de ganar licitaciones con sobreprecios y arreglos con el gobierno, aparecieron los “arrepentidos” y el departamento en Guaruyá, le siguieron el juicio, su condena y la decisión de que vaya preso.

Desde la Argentina querer trasladar mecánicamente, procesos diferentes, de personajes diferentes, y de historias diferentes, es ignorar las relaciones exteriores, el hecho que la Argentina se divida también por lo que pasa en Brasil, que es nuestro principal socio comercial, sería un gran error.

Hasta que la situación política brasileña no se resuelva, el gobierno argentino y los diferentes referentes políticos y económicos argentinos se deberían manejar con mucha prudencia y no apresurarse en buscar alianzas prematuras o querer sacar ventajas partidarias aprovechando la crisis brasileña.

Es un tiempo difícil el que se avecina para la relación bilateral con nuestro principal aliado y dada esa importancia todo el arco político argentino debería ayudar más que nunca.

Esta nota fue publicada en el diario Infobae el día 9 de Abril de 2018

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ITALIA EL NUEVO (VIEJO) PROBLEMA PARA LA UNIÓN EUROPEA Y PARA EL EURO.

Italia está mal, hace un tiempo que no encuentra el camino para encontrar soluciones políticas ni económicas que resuelvan sus diferencias entre un norte rico y pujante y un sur pobre y en constante retroceso.

No solo allí Italia se encuentra en  crisis, también lo demuestra la orfandad de su cine actual, que fue ejemplo durante los años de la posguerra, su música, con sus populares festivales internacionales, sus equipos de fútbol que antes ganaban  y lideraban las copas de Europa y hasta ha perdido a los Papas, ya que los tres últimos no han sido italianos.

Es decir, Italia, atraviesa una etapa mala de su historia, su economía ha dejado de ser productiva, su deuda pública es inmensa, su diseño industrial y su moda que fueron  motores económicos han dejado de ser eficientes, la ciudad de Prato, en la Toscana,  cuna  de la alta costura, está en manos de empresas chinas, en el sur la desocupación crece y se extiende a niveles desconocidos.

A todo ello, que no es muy antiguo, se le viene sumando la inmigración clandestina. Miles de africanos se juegan la vida cruzando el mediterráneo para agolparse, los que llegan,  en la isla de Lampedusa, y no son mayormente bienvenidos, ni  en el norte ni el sur.

Los acusan de quedarse con el  trabajo de los italianos en el sur y de quitarles la seguridad a los del norte. Nadie los quiere, salvo el Papa Francisco, a quien en el norte tampoco lo aprecian. No es italiano y lo acusan de populista.

Como Italia es la tercera economía de la Unión Europea (cada vez con menor ventaja sobre España)  su crisis pone en peligro a una Europa ya en peligro y  se expande amenazando no solo la solidez jurídica del bloque, sino al Euro, el que se debilitará aún más si se ejecutan algunos planes que dicen puede llegar a aplicar la coalición ganadora, si llega a formar gobierno.

Las elecciones del domingo 3 de marzo confirmaron el debacle del sistema de partidos políticos que venía derrumbándose desde la aparición de la “pentarquía” que en 1993, no pudo continuar por haber caído en una corrupción inigualable (Mani Pulite) y que terminó con el Proyecto de la posguerra de una Italia unida a Europa, que había diseñado Alcide De Gasperi, junto a Jean Monnet y Konrad Adenauer y que fuera ejecutado, en el plano italiano por la Democracia Cristiana y el Socialismo.

La desaparición del Euro-comunismo y  la posterior Alianza de Romano Prodi con Massimo D´Alema pareció que podía hacer sobrevivir a la Ex Democracia Cristina aliada esta vez a los Ex Comunistas, pero la aparición sorpresiva de un millonario populista de Derecha y outsider de la política, Silvio Berlusconi aliado con los nuevos partidos políticos xenófobos,  Neo- fascistas  y separatistas, se alzó con el poder.

Su gobierno si bien despertó esperanzas en la clase media y en la alta burguesía cayó luego de los repetidos “excesos” personales de Berlusconi, su abuso del poder y sus repetidas acciones personales impropias para un Primer Ministro.

Todo llevó lentamente a Italia a la situación actual donde el Partido Demócrata tuvo que realizar ajustes monetarios y sobre todo fiscales que fueron rechazados en las urnas y que han llevado al país a una situación política donde no existen prácticamente más los partidos de centro o centro izquierda y han sido reemplazados por la aparición de un Populismo del Sur, el Movimiento 5 Estrellas y en el Norte por la Liga del Norte aliada a Berlusconi.

La histórica división geográfica y socioeconómica ahora ha llegado a los partidos políticos y el Sur ha encontrado una voz propia, la del Movimiento 5 Estrellas que fundado por Beppe Grillo, encontró a un hombre de su espacio, un terrone, nacido en Avelino, Luigi Di MAIO que le hizo ganar las elecciones

Esta novedad representa algo más que un cambio político representa la concreción de un populismo “a la italiana”, un populismo original, que no tiene precedentes, que no tiene nada ver con el FN de Le Pen en Francia, ni con Podemos en España y menos con la extrema derecha alemana u holandesa, esta fuerza es totalmente italiana, no tiene semejantes, ni acompañantes en los otros países europeos.

En ese marco es donde la crisis italiana puede arrastrar otra vez a la Unión Europea a vivir otro momento difícil, en el momento que Alemania, logra conformar un nuevo gobierno de Angela Merkel aliada con los Socialdemócratas, cuando el separatismo Catalán pierde fuerza y cuando los efectos negativos para Unión Europea del Brexit parecen  haber sido superados.

En la voluntad del Partido Demócrata (PD) liderado por Matteo Rienzi, el gran perdedor de estas elecciones, está la clave de impedir el acceso al poder de la Liga del norte, racista y elitista apoyando a  un Populismo liderado por el Sur y con gran influencia de la Iglesia.

Veremos.

La nota fue publicada en el diario El Cronista el día 23 de Marzo de 2018

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